Imagínate un olor que te transporta a la infancia, a la casa de tu abuela, a los días de fiesta donde el humo de la cocina se mezcla con risas y recuerdos.
Ese aroma, intenso y reconfortante, fue el protagonista del segundo Festival Gastronómico Sabores Cruceños, un evento que no solo alimentó el paladar, sino también el alma de quienes lo vivieron.
Este año, como una segunda ola de tradición, el festival volvió a abrir sus puertas con la misma pasión que lo hizo la primera vez: como una celebración viva de la identidad, el talento y la comunidad.
En cada stand, los emprendedores locales mostraron no solo sus platos, sino también su historia.
Platillos típicos, refrescos naturales, el tamal de maíz, el atole, los sabrosos atolitos y los postres hechos con ingredientes del campo —todo ello preparado con amor y respeto por las raíces— se convirtió en una carta de presentación de la región.
No fue solo comida, fue una narrativa culinaria que contaba de generaciones, de sabores heredados y de orgullo local.
El alcalde Byron Sarceño, junto a la primera Dama Kendy Alvarez de Sarceño y miembros del Concejo Municipal, no solo asistieron, sino que se convirtieron en parte del espectáculo, saboreando con entusiasmo y reconociendo el valor de cada platillo como un acto de resistencia cultural.
La presencia de autoridades como la delegada regional de INGUAT, Kathleen Aquart, y representantes de la municipalidad de San Luis Petén, no fue casual: fue una señal de que este festival es más que una fiesta, es una red de apoyo entre municipios, una herramienta para fortalecer el turismo y la economía local.
Cada plato vendido, cada conversación entre comensales, cada foto compartida en redes sociales, fue un paso hacia la visibilidad de lo que somos: una región con identidad, con talento, con futuro.
Este festival no solo nos hizo recordar quiénes somos, sino que nos invitó a seguir construyendo.
Porque cuando cocinamos con orgullo, no solo alimentamos el cuerpo, sino también la memoria colectiva.
Y si algo aprendimos, es que los sabores cruceños no se venden: se comparten. Y eso, más que una tradición que vamos a seguir cultivando como un patrimonio de nuestro municipio, las Cruces de mis amores.























